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Ojolisto Books

¡Hola chicos! Hoy os quiero hablar de una de las novedades más esperadas del mes de septiembre y la continuación de una bilogía que se ha propuesto por todos los medios convertirse en una de mis preferidas, porque es una delicia y tenéis que leerla obligatoriamente. Os estoy hablando de Aquel chico folk, segunda parte de Aquella chica pelirroja de la autora Amy Jean; un viaje sensorial por tierras británicas que te removerá los cimientos del alma y te hará sangrar un poquito el corazón (pero merecerá la pena ;) ¿Quieres saber los motivos por los que me ha encantado la novela? Pues sigue leyendo ;)

Reseña Aquel chico folk Amy Jean Titania Editorial

Soy de la opinión de que para escribir sobre sentimientos (y que traspase el papel), tienes que dejarte un trocito de tu alma en lo que escribes. Creo firmemente que Amy aquí lo ha hecho sin lugar a dudas, tanto en la primera como en esta segunda parte, dejando en el lector un poso de sentimientos claroscuros, altibajos emocionales y rayitos almibarados de felicidad que te arrancan el corazón y te lo reconstruyen poquito a poco. 

La autora tiene muy claro lo que quiere contar y cómo hacerlo, así que la novela es un ir y venir constante de información, sentimientos y crecimiento personal, pero madurado y sin sensación de atropello. Es realmente sencillo ponernos en la piel de los personajes y vivir con la misma intensidad que ellos lo que se nos relata.

Y aquí tenemos uno de los aspectos que me han gustado más: los personajes. Releyendo la reseña que en su momento había realizado de la primera parte, me ha llamado la atención cómo definía el carácter de los protagonistas: Alessa más compleja y Jake con un carácter “más sencillo y estable”. En fin, siete meses después de haber escrito eso, tengo que rectificarme a mí misma y darme un puntito en la boca (o en mis deditos “escritoriles”) porque en esta segunda parte se ahonda tanto en la personalidad de Jake que todo lo dicho pierde valor. 

Y precisamente eso es algo que valoro muchísimo de la escritura de Amy Jean: es capaz de transmitirte a través de las palabras algo tan intangible como el alma que se esconde detrás de la piel. Ya en la primer parte me encantó el cariño y delicadeza con la que se trataron los problemas de salud mental, tan arrinconados durante años ya no solo en la literatura, sino en la sociedad en general. Pero es que en esta segunda parte se ahonda todavía más en ellos, en cómo se convive día a día con demonios internos, en cómo se sale a la calle y se afronta el día a día bajo una fachada de aparente normalidad cuando quizás parte de tu alma se muere por dentro un poquito cada día. Me ha tocado la fibra sensible lo bien que muestra el hecho de que uno puede estar terriblemente hundido y aún así mostrar su mejor cara al mundo, sin que nadie se de cuenta de ello. Cuántas historias como la que se muestra en este libro hay por ahí fuera de las que nunca llegaremos a ser conscientes. Qué difícil es leer algo así y darse cuenta de que todavía lo es más la mochila emocional que arrastran y contra la que luchan muchísima gente hoy en día. Me ha encantado cómo se ha tratado el tema y otra vez, la autora ha conseguido transmitir todo eso de una manera maravillosa, sensible y súper respetuosa.

Unido a todo esto, sin lugar a dudas lo que más me ha impactado de la novela es lo emocional, tierna y bonita que es su lectura. Lo más importante de la historia que nos cuenta Amy Jean no es la historia en sí, las relaciones que surgen, ni la interacción de personajes, sino los valores tan potentes que transmite con sus palabras. Amistad, lealtad, lucha, constancia, valor, amor. Sobre todo amor, ese motor que mueve el mundo y lo hace un poquito más brillante en momentos de oscuridad. Y no solo nos habla de un único amor, sino del amor hacia la familia, hacia las promesas hechas que significan algo más que meras palabras, del amor hacia uno mismo, tan difícil de trabajar y conseguir a veces. 

Creo que con esta historia, Amy Jean ha creado lo que en japonés se llama Kintsugi: el arte de recomponer algo dañado pero enalteciendo lo imperfecto. A lo largo de sus páginas, todos sus personajes aparecen fragmentados, con imperfecciones, pequeñas grietas en su armadura. Pero en lugar de intentar ocultarlas, Amy las exhibe al lector y las resalza como algo digno de mostrar. Al igual que en el arte del Kintsugi, los daños que muestran los personajes son dignos de exponerse porque cuentan una historia, un camino de magullones y rasguños que consigue que ese personaje sea único y especial. La historia no va de intentar arreglar los desperfectos, sino que muestra que la auténtica belleza está en la reconstrucción, en la existencia de un fragmento roto y una voluntad de recomposición; un Ying y Yang que nos hace más hermosos y fuertes.

Más allá de la historia en sí, ha sido increíble viajar y recorrer junto a Jake y Alessa el mundillo musical y literario. Ha sido fantástico pasear junto a ellos entre la niebla a veces poco apacible del rock&roll, embarcarme con ellos en este viaje tan emocional y navegar entre libros y novelas clásicas. Qué viaje tan bonito, completo y reflexivo.

¡Pero, eh! No todo van a ser buenas palabras para esta novela. Estoy terriblemente molesta con Amy Jean. Mucho, ¡Muchísimo! De la cárcel se sale, pero ¿y de las ganas que te genera esta novela de seguir leyendo a estos dos y todo su universo? No amigos, de eso no hay solución, ni alternativa posible. Esta novela debería venir con un WARNING gigante para que las pobres almas como la mía sepamos que va a ser leerla y costarnos pasar página. A mí nadie me avisó de esto. Vaya vacío lector que deja Alessa y Jake, amigos ;)

En definitiva, Aquel chico folk es una muy digna segunda y última parte con una fuerte carga emocional. Sensible, sentida y muy real, es de esas historias que llaman a la puerta y se cuelan por una rendija para hacerte reflexionar, sentir, amar y llorar a partes iguales. Una exposición en canal de una autora que sin lugar a dudas ha llegado para quedarse. No os podéis perder una de las mejores historias de este año. ¡Recomendadísima! 

NOTA: 5/5
septiembre 22, 2022 1 comentarios
Hoy os quiero hablar de Palabras que nunca te dije de la autora María Martínez, una historia con personajes muy humanos, un entorno idílico entre campos de lavanda y unos valores y enseñanzas preciosos. La editorial Titania ha publicado una de esas historias que se quedan contigo aún después de haber pasado la última página, así que si queréis leer algo que os llegue al corazón, es vuestra novela.
 
Reseña Palabras que nunca te dije María Martínez


Esto es lo primero que tienes que saber antes de ponerte a leer este libro:

  1. Búscate un espacio tranquilo y cómodo
  2. Hazte un cafetito o un té
  3. Resérvate unas horitas para ti, porque será imposible soltar esta historia hasta terminarla de una sentada.
PD: Yo ya he avisado. Vosotrxs sabréis lo que hacéis ;)

Con todo esto que acabo de mencionar, supongo que es evidente lo mucho que me ha gustado la historia. Palabras que nunca te dije es de ese tipo de libros que desde la primera página tiene un aura especial y sabes que va a atraparte.

Y ya desde el inicio de la reseña hay que destacar uno de los aspectos que me han gustado más: los personajes. En el caso de Sara -la protagonista- está hecha con un cariño especial en el que se muestra la fragilidad, la incertidumbre, el desconcierto que supone la pérdida de algo anhelado y la impotencia de la desesperación y la insatisfacción personal. Crear un personaje tocado por circunstancias emocionales no es fácil de desarrollar y de Sara, lo que puede decirse es que es real. Todos los que hemos sentido decepción en la vida entendemos los sentimientos de Sara y verlos reflejados con esa exactitud es una experiencia dolorosamente purificadora. Respecto a Jayden, es de ese tipo de personajes con los que conectas de inmediato y complementan y engrandecen al personaje principal, que para mí es Sara.

Unido a los personajes, sin lugar a dudas lo que más me ha impactado de la novela es lo emocional, tierna y bonita que es su lectura. Lo más importante de la historia que nos cuenta María Martínez no es la historia en sí, las relaciones que surgen ni la interacción de personajes (que también), sino los valores tan potentes que transmite con sus palabras. Lealtad, lucha, constancia, valor, amor. Sobretodo amor, ese motor que mueve el mundo y lo hace un poquito más brillante en momentos de oscuridad. Y no solo nos habla de un único amor, sino del amor hacia la familia, hacia las promesas hechas que significan algo más que meras palabras, del amor hacia uno mismo, tan difícil de trabajar y conseguir a veces. 

Soy de la opinión de que para escribir sobre sentimientos (y que transmita y traspase el papel), tienes como autor que dejarte un trocito de tu alma en lo que escribes. Creo firmemente que María aquí lo ha hecho sin lugar a dudas, dejando en el lector un poso de sentimientos positivos que te arrancan el corazón y te lo reconstruyen poquito a poco. 

Creo que con esta historia, María ha creado lo que en japonés se llama Kintsugi: el arte de recomponer algo dañado pero enalteciendo lo imperfecto. A lo largo de sus páginas, sus personajes aparecen en cierto modo fragmentados, con imperfecciones, pequeñas grietas en su armadura. Pero en lugar de intentar ocultarlas, María las exhibe al lector y las resalza como algo digno de mostrar. Al igual que en el arte del Kintsugi, los daños que muestran los personajes son dignos de exponerse porque cuentan una historia, un camino de guerrero que consigue que ese personaje sea Ãºnico y especial. La historia no va de intentar arreglar los desperfectos, sino que muestra que la auténtica belleza está en la reconstrucción, en la existencia de un fragmento roto y una voluntad de recomposición; un Ying y Yang que nos hace más hermosos y fuertes.

Más allá de la historia en sí, ha sido increíble viajar y recorrer la campiña francesa con Sara y Jayden. Ha sido fantástico pasear junto a ellos entre viñedos y embarcarme en este viaje tan emocional. Yo solo aviso: si alguien de los presentes está dispuesto a comprarme un chateau en la Provenza, yo estoy dispuesta a sacrificarme y aceptarlo. Que conste en acta.

¡Pero, eh! No todo van a ser buenas palabras para esta novela. Estoy terriblemente molesta con María Martínez. Mucho ¡Muchísimo! De la cárcel se sale, pero ¿y de las ganas que te genera esta novela de visitar los viñedos y de ver puestas de Sol en mitad de campos de lavanda? No amigos, de eso no hay solución, ni alternativa posible. Esta novela debería venir con un WARNING gigante para que las pobres almas como la mía sepamos que va a ser leerla y generarse un deseo irrefrenable de querer perderse en la Provenza francesa.

En definitiva, Palabras que nunca te dije es un viaje sensorial que te removerá los cimientos del alma y te hará sangrar un poquito el corazón (pero merecerá la pena). Con unos personajes muy humanos, un entorno idílico entre campos de lavanda y unos valores y enseñanzas preciosos, es de esas historias que se quedan contigo aún después de haber pasado la última página.



⭐⭐⭐⭐

marzo 14, 2022 4 comentarios

Hoy os vengo a recomendar una historia de esas que echaba tanto de menos leer y que me ha dejado con una sonrisa en los labios y el corazón calentito. Os estoy hablando de una de las novedades de este mes de la editorial Titania, concretamente de Aquella chica pelirroja de Amy Jean. ¿Queréis conocer los motivos por los que me ha enamorado esta historia? Pues solo tenéis que seguir leyendo.


Reseña-aquella-chica-pelirroja-amy-jean

Leyendo Aquella chica pelirroja he vuelto a reencontrarme con los motivos por los que leer es algo tan importante en mi día a día. En esta novela encontramos una historia de vida y de superación personal: con sus miedos, inseguridades, alegrías y fracasos. Porque equivocarse, aunque socialmente está muy penalizado, es una parte muy importante de la vida que nos hace aprender, crecer, madurar. Y ese aprendizaje está reflejado en la historia que nos presenta la autora. 

En una época como la actual, en la que la salud mental por fin está teniendo la relevancia que merece y está empezando a dejar de ser tabú, se agradecen historias reales, sentidas, que visualicen problemas muy reales y nos muestren que, aunque subir la montaña sea difícil, se puede llegar a la cima (aunque nos llevemos nuestras buenas tortas y correspondientes arañazos por el camino ;) Me ha encantado el cariño, la naturalidad y la delicadeza con la que se tratan los demonios internos, así como la lucha y el dolor que supone plantarles cara.

Leyendo a Amy Jean uno siente que los protagonistas existen realmente. Notas su presencia físicamente, de tal modo que no te extrañaría en absoluto encontrártelos por la calle al salir de casa. Ese magnetismo que les otorga a los personajes, esa sensibilidad, carisma, empatía... en fin, ese realismo que hace que cada una de sus historias pase por nosotros y nos deje una lección, una reflexión.

Lo cierto es que he empatizado mucho con Alessa, quizás porque tiene una historia que me ha tocado la fibra sensible y he comprendido muchas de sus actuaciones, a pesar de su complejidad. Ale es una protagonista enredada en sí misma, llena de recovecos y sutilezas. No es sencillo desarrollar a un personaje así de difícil, pero no solo está bien hecho, sino que aunque en muchas ocasiones hace cosas irracionales, acabas comprendiéndola desde el corazón. Particularmente, me siento más reflejada con Jake, puesto que tiene una personalidad más estable y es más sencillo comprenderle, pero Alessa es de esas protagonistas que cuando la analizas desde el principio hasta el final, percibes el gran esfuerzo y evolución en su historia y solo por eso, me decantaría más por ella como personaje. Aunque si hay por ahí disponible algún Jake, que me pasen el contacto ;p

Otra de las facultades de Amy Jean es que con sus obras te hace vivir la historia con sus personajes sí, pero también te hace vivir una historia que perfectamente podría ser la tuya. Te crea un sentimiento que te remueve las entrañas, que te atrapa, que te hace pensar en tus aciertos y en tus fallos, en lo bonito que lleva la vida consigo (y las amarguras que también vienen en el pack). Siempre he creído que leer es vivir. Y con Aquella chica pelirroja vives - y revives- parte de tu historia a través de sus personajes. Ese vaivén emocional que es capaz de crear la autora es algo que me cuesta sentir leyendo, pero en su caso, lo extraño es que no te ponga del revés a medida que vas pasando páginas. 

El resto de la historia, desde el tratamiento de la amistad, así como la forma de afrontar nuestras partes más oscuras y dolorosas es un constante vaivén emocional del que no podrás desprenderte. Para escribir como lo hace Amy Jean, creo que hay que desgarrarse un poco a uno mismo, estar dispuesto a soltar lastre y dejar parte de tu alma en lo que escribes. Y desde luego que la autora lo hace. Y no solo logra que sintamos que las historias son reales, sino que al cerrar el libro sentimos que son, también, un poco nuestras.

Por otra parte, las constantes referencias musicales me han encantado. Los fragmentos de canciones que aparecen como pildoritas a lo largo de la novela son la guinda a un pastel que nadie debería dejar de probar.

Y para terminar, aunque no me gusta demasiado recurrir a este tipo de comparativas (porque cada uno es único), sí que me gustaría contaros que la forma en la que la autora cuenta todo, lo que consigue hacernos sentir y la forma en la que los personajes se cuelan bajo la piel, me transmite un eco a Alice Kellen. Y qué queréis que os diga, para mí eso es un plus al 100% para recomendaros que le deis una oportunidad a la historia de Alessa y Jake, porque no os vais a arrepentir.

En definitiva, Aquella chica pelirroja es un terremoto para el corazón y una medicina para el alma. Una de esas historias que consiguen que te pierdas por el camino, que sufras un vaivén emocional, te desgarres y acabes cerrando la novela con la certeza de dejarte una parte de ti misma entre sus páginas. 
Muy recomendable.
febrero 01, 2022 No comentarios
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